El expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, está a punto de conocer su sentencia, tres meses y medio después de ser declarado culpable de tráfico de drogas y armas.
La audiencia está programada para el miércoles 26 de junio a las 11:00 am hora de Nueva York (15:00 GMT), donde el juez Kevin Castel anunciará la pena.
Hernández fue declarado culpable el 8 de marzo de 2024 por un jurado de 12 personas, enfrentando la posibilidad de una condena perpetua, al igual que otros implicados en el mismo caso, incluyendo a su hermano Tony Hernández y al colaborador cercano Geovanny Fuentes.
El abogado defensor, Renato Stabile, en un intento por evitar una condena perpetua, argumenta que la condena mínima prevista por la ley -10 años por narcotráfico y 30 por posesión de armas- «cumpliría con los objetivos de la sentencia».
En los argumentos de sentencia enviados al juez el pasado viernes 21 de junio, solicita que el juez no le imponga «una pena adicional». Sin embargo, esta sentencia mínima significaría que el expresidente, de 55 años, pasaría el resto de su vida tras las rejas en una prisión de máxima seguridad en Estados Unidos.
Stabile recuerda al juez que su defendido siempre ha reivindicado su «inocencia» alegando que fue condenado «erróneamente» sobre la base de la «palabra de narcotraficantes y asesinos hondureños -los mismos que combatió- que buscan venganza y salir de la cárcel».
Su defendido «apelará su condena por todos los medios legales», asegura. «Nunca se rendirá».
En el mismo caso, también están implicados el exjefe de la policía hondureña Juan Carlos Bonilla, apodado «El Tigre», y el policía Mauricio Hernández Pineda, quienes admitieron su culpabilidad en delitos de narcotráfico, evitando así comparecer ante el tribunal junto al exmandatario.
«Soy inocente, no culpable» clama por su parte Hernández en otro documento de 159 páginas enviado al juez Castel la semana pasada en el que desgrana las leyes que promovió y su colaboración con el Gobierno estadounidense para acabar con el crimen organizado y la violencia de las pandillas que se cobraron la vida de casi 88.000 personas, convirtiendo a Honduras en uno de los países más peligrosos del mundo.
Acusación Fiscal
«Me acusaron y condenaron injusta e incorrectamente», asegura el hombre que desde 2014 a 2022, durante dos mandatos consecutivos, dirigió los destinos de Honduras.
Lamenta que la investigación y el juicio en su contra estén plagados de errores e injusticias. Afirma que la Fiscalía y los agentes no actuaron con la diligencia debida para descubrir la verdad completa.
Acusa a las autoridades anteriores y a los agentes de la DEA de no cumplir con su deber en la lucha contra el crimen organizado.
También destaca que su Gobierno colaboró y coordinó con diversas instituciones y agencias del gobierno estadounidense en la lucha contra el narcotráfico, e incluso fue recibido en la Casa Blanca por los presidentes en turno.
Durante su mandato como colaborador del Gobierno del republicano Donald Trump (2017-2021), el acusado se enorgullecía de los elogios recibidos de Washington por la labor de su gobierno en la lucha contra el narcotráfico.
Sin embargo, la Fiscalía neoyorquina lo acusó de convertir a Honduras en un «narco-estado» y de facilitar el paso de una gran cantidad de droga procedente de Colombia a través del país, durante su tiempo como diputado, presidente del Congreso y presidente de la República entre 2004 y 2022.
Según la acusación, Hernández participó en actividades relacionadas con el envío de más de 500 toneladas de cocaína a Estados Unidos, protegiendo así a una red de narcotráfico.
El expresidente hondureño Juan Orlando Hernández supuestamente habría recibido millones de dólares de cárteles de droga, incluyendo al narcotraficante mexicano Joaquín «Chapo» Guzmán, quien fue condenado a cadena perpetua en Estados Unidos.
Se dice que Hernández fue extraditado a Estados Unidos en abril de 2022, tres meses después de entregar la presidencia a su sucesora, la izquierdista Xiomara Castro.
Según un testigo en un juicio, Hernández habría pronunciado la famosa frase: «le vamos a meter la droga a los gringos en sus narices y no se van a dar ni cuenta».
Desde 2014, alrededor de cincuenta hondureños acusados de narcotráfico han sido extraditados o se han entregado voluntariamente a la justicia de Estados Unidos.
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